La regla más importante para hacer más habitable nuestro entorno urbano: conducir menos. El transporte público consume seis veces menos energía, por cada viajero, que el privado (autos particulares).
Los coches consumen ahora un 20% menos que hace 20 años, pero aun así, el transporte es responsable de al menos una tercera parte de las emisiones de CO2.
Está comprobado que uno de cada diez viajes que se realizan en coche en las ciudades es para moverse menos de 500 metros, una distancia que prácticamente todos podemos cubrir saludablemente caminando. Si fuéramos a pie en todos los desplazamientos de menos de dos kilómetros, podríamos ahorrar millones de litros de combustible al año.







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