Artículo enviado por Nelson Troconis Parilli
No es de extrañar las resultas en Copenhague de la cumbre mundial sobre el cambio climático y en tal sentido quiero dejar por sentado algunas consideraciones en cuanto y por cuanto el modelo tecno científico tenga como matriz energética el combustible fósil, principalmente la gasolina el incremento de los gases de efecto invernadero continuarán en ascenso a un ritmo indetenible a menos que surja milagrosamente una fuente energética alternativa, que a mi parecer está en un lejano horizonte o se plantee seriamente una moratoria mundial en la explotación petrolera.
Fríamente ningún país del mundo y en especial los de mayor desarrollo van a tomar medidas serias para suprimir sus fuentes contaminantes, a este factor se le suma, que prácticamente la humanidad por entero, no ha adquirido verdadera consciencia sobre la crisis ecológica y como ejemplo vemos que hasta los más avezados en la materia hablan y predican sobre nuestro deber de salvar el planeta Tierra (postura antropocéntrica) lo correcto sería decir SALVEMONOS DEL PLANETA, ya que nuestro accionar está poniendo en riesgo la propia existencia de la especie humana que es la que se puede extinguir y no el Planeta, sus componente permanecerán (resiliencia) luego de cualquier evento que le suceda a la especie humana. Hasta tanto no adquiramos verdadera conciencia del peligro que no asecha, nadie va a obrar diferente en cuanto a la merma de su huella ecológica, ya que no existe ningún otro escenario, opción y camino alternativo a la renuncia del cuestionado bienestar que procura el actual modelo productivo y consumista (con todas sus iniquidades a cuestas) cuyos insumos, bienes y servicios se tienen encarnados, unos más que otros y nos ha convertido en una sociedad energívora. A la par que existe un elemento de codificación genética adverso dentro del proceso evolutivo, nuestro cerebro no tiene ni envía señales de prevención (instintividad) frente a las amenazas producto de la sociedad de riesgos, hay una especie de “punto ciego colectivo” que no capta o permite a nuestro sistema sensitivo ser cauteloso o preventivo frente a los nuevos peligros y asechanzas de corte ecológico. Solamente cuanto suceden eventos catastróficos es que empieza a cundir una especie de pánico colectivo mediático que luego pasa al olvido. No estamos muy lejanos de ser considerados los nuevos dinosaurios del planeta que están asistiendo a un ritornelo del ciclo extintivo, procurado por su propio accionar que bien se podría llamar antropocidio, siendo la única especie que atenta contra su propia existencia.
Lo planteado tiene la intencionalidad de generar un debate desapasionado sobre la problemática ambiental y una profunda reflexión sobre el cambio de paradigma del actual modelo civilizatorio en sus variables tecno-científicas, educativas y político- institucional y evitar caer en el juego de la diatriba política-ideológica. Por ejemplo el gobierno venezolano no acredita para hacer críticas a terceros pases, en su política ambiental, por ser el quinto país productor de petróleo y cada día tiende a expandir su frontera petrolera, bajo un negociado que a veces compromete hasta nuestra soberanía incluso en zonas de fragilidad ecológica, amén de que ocupa un agigantado balance negativo en cuanto al deterioro de sus patrimonio forestal y que ha hecho caso omiso al mandato constitucional y de otros ordenamientos jurídicos en cuanto a la implementación de la obligatoriedad de la educación ambiental, que en lo personal me motivaron a ejercer una Acción de Amparo Constitucional ante el Tribunal Supremo de Justicia, hace algo más de un año y la repuesta ante tal pretensión es un adefesio jurídico digno de antología.





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