La Deforestación Y El Amazonas – Parte 1

El Amazonas es el mayor río de América del Sur y del mundo, por la extensión de su cuenca que es de 7. 020. 000 Km² y su caudal de agua de 100. 000 m³/s de media. Por su longitud ocupa el tercer lugar del mundo. Desde su nacimiento en la cordillera de los Andes hasta su desembocadura en la Isla de Marajó en la costa atlántica de Brasil, el río Amazonas recorre 6. 868 Km., la distancia entre Nueva York y Berlín, y se va enriqueciendo gracias a más de mil afluentes. Por el estuario del río pasa la quinta parte del agua dulce de todo el planeta.

Los 600 millones de hectáreas que abarca la cuenca amazónica se extienden por varios países. La mayor parte del Amazonas recorre Brasil, el 60%, unos 350 millones de hectáreas, estando el 80% del territorio cubierto por bosques. Pero también discurre por Perú, Bolivia, Ecuador, Surinam, Guayana Francesa, Guayana, Venezuela y Colombia.

El bosque tropical amazónico brasileño tiene una extensión 30 veces superior a las superficies arboladas españolas. Ocupa un 7% de la superficie terrestre.

La Amazonia es un ecosistema único que se ha conformado desde hace más de 12. 000 años entorno al inmenso río, cuyas aguas marcan el ritmo de un ecosistema sumamente complejo y excepcional.

Esta región contiene uno de los mayores bosques tropicales del planeta, pero también sufre una de las más diversas gamas de amenazas: incendios forestales, talas, construcción de grandes infraestructuras, expansión de la agricultura y la ganadería, plantaciones de soja, de eucaliptos, minería, prospección petrolífera, etc. Afortunadamente, tal y como existe hoy, cerca de dos terceras partes de la selva amazónica están todavía intactas.

En la Amazonia habitan:

• El 70% de las especies terrestres animales y vegetales del planeta.
• Más de 30. 000 especies de plantas y se descubren nuevas especies diariamente. Es la zona más rica del mundo.
• El 33% de los 30 millones de especies de insectos conocidos que existen en la Tierra. (más de 10 millones de especies).
• 300 especies distintas de reptiles.
• 324 especies de mamíferos, con más de 30 especies de monos.
• Cerca de 1. 000 especies de aves (el 11% de las conocidas en todo el planeta).
• En tres kilómetros cuadrados de terreno podemos encontrar 74 especies de ranas.
• 30 especies de langostinos.
• 30 especies de cangrejos.
• 1. 500 especies de peces de agua dulce conocidas, se estima que el total alcanzaría las 3. 000. Esto es, 15 veces más que las especies de cualquier río europeo.
• 2 especies de delfines de río.
• 10 kilómetros cuadrados suelen contener 125 especies de mamíferos, 400 especies de aves y 100 especies de reptiles.
• Una sola hectárea de terreno puede llegar a albergar hasta 50 especies de árboles diferentes como la caoba (Swietenia macrophylla) o el caucho (Hevea brasiliensis)…
• Uno de estos árboles puede dar cobijo a unas 80 especies de Epifitas (Bromelias, Orquídeas…) y 43 especies de hormigas.

El clima al que se ve sometido la Amazonia sudamericana tiene una temperatura media mensual que excede de 24º C, donde nunca hiela y llueve al menos 101 mm al mes. La riqueza de la zona es el resultado de la combinación de varios factores: la intensa luz del sol, las abundantes lluvias y la carencia de una estación invernal. La vida en este ambiente se desarrolla siempre bajo condiciones extremas.

El que se dé un crecimiento desmesurado pero no desequilibrado de plantas en el lugar se debe al suelo. Este es pobre en nitrógeno y fósforo – dos elementos esenciales para las plantas – y a menudo es muy ácido, lo que hace muy difícil que las plantas obtengan nutrientes. Los suelos, por tanto, son poco fértiles, son suelos fósiles: son pobres porque son muy antiguos y las aguas pluviales han consumido, en el curso de millones de años, las sustancias minerales que los impregnaban.

Las plantas de las selvas tropicales medran generalmente acumulando los nutrientes esenciales en sus propios cuerpos y luego reciclándolos. Cuando las hojas, ramas o árboles enteros caen, encuentran un denso entramado de raíces que crecen en su mayor parte en los cinco primeros centímetros del suelo. Estas raíces transfieren rápidamente los nutrientes de la materia orgánica caída, de vuelta a las plantas de las que procede, y el ciclo prosigue ininterrumpidamente. Todo se debe a la acción de un pequeño hongo llamado micorriza. Si las raíces de las plantas no son capaces de extraer sustancias nutritivas suficientes del suelo agostado, intervienen estos hongos filiformes que se desarrollan en las raíces de los árboles y ayudan a absorber sustancias nutritivas que son luego almacenadas en árboles y plantas.

El crecimiento y la descomposición simultáneos durante todo el año conducen a una existencia frenética; en zonas más templadas el freno al crecimiento durante el invierno permite la acumulación de los materiales orgánicos para favorecer el crecimiento en la siguiente estación. En la selva tropical, en cambio, todos los detritos orgánicos son constante y casi inmediatamente reciclados.

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