La Economía Ecológica Y Las Funciones Económicas Del Medio Ambiente – Parte 2

por Val Escobedo

en El Medio Ambiente

Incidencia de las fuerzas del mercado en la degradación ambiental: (El codo invisible”)

La asignación general de recursos y bienes de consumo (energía, materias primas, dinero, mano de obra, bienes y servicios, desperdicios) no la planea solo una agencia; por el contrario, esta se debe al resultado combinado indeterminado de las decisiones de muchos agentes diferentes, las cuales se toman en privado, esto es sin tener referencias de las decisiones similares de los demás, con bases en los intereses propios de cada agente. En general, es imposible que los agentes económicos tomen en cuenta los efectos más globales de sus acciones, puesto que estos dependen de las acciones de otros millones de agentes que no pueden conocerse. Sumadas, las fuerzas del mercado producen entonces un resultado que nadie ha determinado.

Esta es la “mano invisible” que, según Adam Smith, trajo la prosperidad para todos, pero igualmente puede ser un “codo invisible” que acarrea la ruina general. Esta comparación no es arbitraria, y muchos autores la utilizan. En ocasiones se utilizan los codos para sacar a la gente del camino, con el deseo de seguir adelante, pero la mayor parte de las veces no se usan de manera deliberada; estos golpean y derriban cosas inadvertidamente. Las fuerzas del mercado causan degradación ambiental por ambos métodos. A veces hay destrucción intencionada: es el costo previsto del consumo despiadado, pero por lo general la degradación ocurre por error: es el resultado involuntario de otras decisiones menores. La gente no causa a propósito el efecto invernadero ni el agotamiento de la capa de ozono, pues los consumidores no tienen la intención de destruir los bosques húmedos ni de acabar con las pesquerías. Y de hecho no lo hacen. Estos resultados ocurren sobre todo por que pequeñas decisiones individuales sumadas, producen de manera inexorable grandes decisiones colectivas sin que nadie lleve la cuenta. Las fuerzas del mercado están en funcionamiento. Naturalmente, algunos tipos de impacto ambiental en especial ciertas formas de contaminación en los países industrializados, son regulados; no obstante en su mayor parte éstas regulaciones rigen las emisiones y descargas de firmas individuales “y a veces de los consumidores”. No controlan el nivel total de contaminación causado como resultado de todas las descargas juntas; sin embargo, es el nivel total lo que importa para el medio ambiente. Alguna de las formas más nocivas de desperdicio “como las toxinas” solo son objeto de controles locales menores; En relación con el medio ambiente en conjunto escapan, efectivamente, a la restricción. Todo esto da como resultado una economía que (aunque no muy elegantemente) bien puede describirse como ambientalmente irrestricta. Lo que le sucede al medio ambiente está determinado por el juego interrelacionado y arbitrario de las fuerzas del mercado, no por una toma de decisiones planeada.

Otra característica de la operación de las fuerzas del mercado que tiene un efecto directo en el medio ambiente es la presión que generan para que haya crecimiento económico. La competencia tiende a estimular una mayor producción, las empresas toman decisiones que impliquen mayores ganancias, el crecimiento comienza a ser atractivo, se recurre a bajas en los costos de producción, se buscan proveedores de insumos con mayor tecnología y rapidez. Las fuerzas del mercado, en general, fomentan la constante expansión de la producción. Tal expansión puede tener implicaciones ambientales obvias, si llegan a sobrexplotarse los recursos y si las emisiones de desperdicios exceden la capacidad de absorción.

La combinación de las características de las fuerzas del mercado definen el sistema económico en relación con el medio ambiente. Si el crecimiento económico no hubiera “despegado” en la revolución industrial, por ejemplo, si la producción se hubiera mantenido a los niveles preindustriales, la ausencia de restricciones ambientales habría sido de poca importancia, puesto que los índices de uso de recursos y de emisiones de desecho habrían sido muy bajos. De la misma manera, las presiones para lograr crecimiento económico no producen por sí solas degradación ambiental. La presión ejercida sobre las empresas es para que aumenten las ganancias, no para que incrementen el uso de recursos ni la emisión de desperdicios.

Es cierto que el crecimiento económico no es la única causa de la crisis ambiental, pero tampoco es cierto que éste esté libre de toda culpa. Es verdad que en algunos casos no es necesario el incremento de uso de recursos o de emisiones de desperdicios para obtener un crecimiento económico, pero en nuestra realidad como país, lamentablemente, el uso indiscriminado de recursos naturales y la emisión exagerada de desperdicios van de la mano de los grandes crecimientos económicos. Debido a esto se hace completamente necesaria una regulación estatal firme y sobre todo acorde a los recursos disponibles de nuestro país.

En resumen, hemos querido enumerar los argumentos principales de esta perspectiva de desarrollo sustentable que involucran al Estado como un regulador activo. Cabe decir que fue necesario “atacar” los postulados de la economía clásica conocida en el capítulo anterior para comprender que es absolutamente necesario que las fuerzas del mercado sean intervenidas por un estamento público, el cual beneficie tanto a los individuos como al ambiente en que vivimos.

Estimulación de mecanismos voluntarios para obtener una economía ecológica

Los mecanismos voluntarios son todas las acciones e iniciativas de los sujetos económicos, grupos y empresas destinadas a proteger el medio ambiente y que no sean forzadas por leyes o inducidas por incentivos económicos.

El proceso de planeación antes descrito da al Estado el papel clave en la protección del medio ambiente. Si bien la planeación puede llevarse a cabo a través de los mercados, no en oposición a ellos, no cabe duda de que requiere un mayor grado de intervención estatal que la economía en la que estamos insertos los chilenos. Tienen que establecerse metas para cada indicador ambiental y aplicarse regulaciones, impuestos u otros instrumentos, para limitar la actividad económica a esas metas. Es más, en la práctica esto requiere de un enfoque de “manos a la obra” en la política industrial.

Algunas personas dirán que los cambios de comportamiento deben ser voluntarios, no obligatorios. A la gente- dirán- hay que estimularla y educarla para que quiera un estilo de vida menos materialista y de menos consumo de energía, en vez de forzarla a adoptar uno mediante la intervención del Estado; sin embargo, esta estrategia difícilmente es realista ante la urgente crisis que se presenta hoy. Mientras más personas escojan un cambio voluntario en su estilo de vida, más fácil será la transición hacia una economía sustentable: las actividades tanto individuales como de grupos que protejan el medio ambiente deben fomentarse, pero difícilmente podemos esperar hasta cuando éstas sean decisiones universales.

Incluso los individuos que deseen tomar esa decisión voluntaria necesitan saber cómo hacerlo, cosa que sólo puede provenir de una autoridad centralizada que establezca metas y guíe la conducta para alcanzarlas. Muchos individuos no están dispuestos a cambiar su estilo de vida por amor al medio ambiente, a menos que sepan que todos los demás están haciendo otro tanto. Si la economía sustentable se acuerda colectivamente, es decir, con intervención directa de un estamento centralizado como es el Estado, llegará a brindar los frutos tan anhelados por todos o por la gran mayoría de los ciudadanos.

Regulación Estatal desde el punto de vista de la economía ecológica

En general los mecanismos voluntarios son de máxima utilidad como refuerzos de otros instrumentos, pero no por sí solos. La mayor parte de las medidas de protección ambiental corresponden a la categoría de regulaciones. En cierto sentido éste es un término universal que abarca toda medida administrativa tomada por el gobierno y que tenga el respaldo de la ley, pero que no implica ni un incentivo financiero ni gasto gubernamental directos. Daremos una definición teórica del término regulación.

“La regulación es toda medida administrativa tomada por el gobierno y que tiene el respaldo de la ley, pero que no implica ni un incentivo económico ni un gasto gubernamental directo. El costo de su no cumplimiento implica una multa”

Las regulaciones vienen en diversas formas. Algunas son ejercidas a través del sistema de planeación, como es el caso del control al uso de la tierra y de los códigos de construcción (por ejemplo, sobre estándares de aislamiento). En el campo de los bienes de consumo las regulaciones incluyen cosas tales como estándares de consumo de energía para electrodomésticos y la exigencia de que todos los automóviles nuevos tengan convertidores catalíticos. En cuanto a los contaminantes industriales, las regulaciones tienden a especificar niveles de emisión permitidos (volumen, concentración, hora) para diferentes contaminantes, o bien requieren que se apliquen ciertas tecnologías de control de la contaminación o ciertas especificaciones para los productos. Las cuotas de pesca, que fijan la máxima cantidad de diferentes peces que puede cogerse, son una forma de regulación aplicada al desgaste de recursos.

Para la empresa o el consumidor, las regulaciones no les dan opción legal. Sencillamente están prohibidos la contaminación, o el uso del recurso por encima del nivel aprobado, o una tecnología no aprobada (o algo similar). El costo de no cumplir es el castigo judicial: una multa o a veces prisión. Esto significa que la aplicación y el castigo son cruciales. Si la aplicación es difícil o el nivel del castigo es muy bajo, la meta ambiental es posible que no se cumpla.

La regulación continúa siendo el método más favorecido en todo el mundo para el control de la contaminación, el campo de acción para éste es enorme.

En síntesis, la economía ecológica es una de las perspectivas que busca desarrollar la economía en forma sustentable. Este enfoque es producto de una crítica profunda en la dinámica de la sociedad industrial tradicionalista de Libre Mercado. Concibe el desarrollo como una combinación armónica entre las Fuerzas del Mercado y un regulador económico y ecológico denominado Estado.

Esta tendencia considera que es preciso encontrar un nuevo modo de vivir en sociedad, donde las transformaciones tecnológicas y científicas no se den a costa de la degradación ambiental, social y cultural. Debe ser un cambio que involucre el accionar de la comunidad en su conjunto, donde los individuos, las firmas y el Estado puedan proteger los patrimonios naturales de la Nación para no comprometer las expectativas de consumo de las futuras generaciones.

No se permiten comentarios

Artículo Anterior:

Siguiente Artículo