En el pasado nos preocupamos por los impactos del crecimiento económico en el medio ambiente. Ahora, en nuestros prospectos económicos necesariamente tenemos que preocuparnos por los impactos del estrés ecológico. Enfrentamos una crisis seria, pero la política económica ha permanecido inalterada. Esto parece sorprendente ya que es evidente que las causas del daño ambiental radican en las actividades económicas: en la producción agrícola e industrial, en el consumo de energía y en la descarga de desechos.
La falta de disposición de los gobiernos para enfrentar las causas económicas de la crisis no es sorprendente en modo alguno. Es evidente que para reparar el daño hecho hasta la fecha y evitar que se siga expandiendo, no sólo costará dinero, sino que puede representar un desafío para las estructuras del sistema económico.
La “crisis ambiental” se debe a una acción destructora del hombre, que está acabando con sus recursos naturales. Esto podemos comprenderlo más sistemáticamente y recordando el capítulo introductorio de la tesis. Para asegurarnos que el lector tenga una visión más amplia de lo que la economía ecológica está proponiendo entregaremos información básica sobre el medio ambiente y sobre los desequilibrios que se producen.
El medio ambiente natural o biosfera consta de agua, suelos, atmósfera, flora o fauna, con energía que provee el sol. Una parte de la biosfera es viva (planta y animales) y la otra no (minerales, aire y agua), pero se equilibran mediante el continuo fluir de la energía y el reciclaje de la materia. Las partes vivas y no vivas interactúan en comunidades autoreguladas o ecosistemas.
La biosfera desempeña tres funciones principales en la actividad económica de la especie humana. En primer lugar, nos proporciona recursos. Alguno de ellos tales como el aire, el agua y muchas plantas y animales usados para la alimentación, son consumidos en forma muy directa. Otros son materias primas o fuentes energéticas que se emplean en la producción de bienes y servicios. Hay tres tipos principales:
Recursos no renovables. Son aquellos que (en una escala de tiempo humana) no pueden regenerarse mediante procesos naturales: Combustibles fósiles (carbón, petróleo, gas), minerales y otros materiales. Claro está que los combustibles fósiles pueden regenerarse, pero sólo en un período de varios billones de años, lo cual tarda aún más que el “largo plazo” del que hablan los economistas. La provisión de estos recursos, en últimas, fija: todo uso disminuye la existencia total.
No obstante, en la práctica, lo relevante no es la existencia total de un recurso (parte del cual puede no haber sido descubierto aún) sino únicamente aquella porción “económicamente accesible”; esto es, de explotación rentable. Esta porción puede incrementarse si se eleva el precio del recurso o si se desarrolla una nueva tecnología que haga más económica la explotación. En este sentido, el uso de los recursos no renovables no necesariamente implica el agotamiento de los mismos en términos económicos. Además, algunos metales pueden “regenerarse” mediante el reciclaje, utilizándolos más de una vez.
Recursos renovables. Son aquellos que, mediante procesos de regeneración natural, pueden continuar existiendo a pesar de ser “usados” por la humanidad. Las plantas y los animales, naturalmente, se reproducen y vuelven a crecer, pero el aire limpio y el agua fresca también son renovables: el oxigeno, el hidrógeno, el carbono y el nitrógeno (entre otros elementos) son reciclados constantemente por organismos vivos, en procesos tales como la fotosíntesis, la respiración, la fijación de nitrógeno y la descomposición orgánica.
La existencia de un recurso renovable puede mantenerse indefinidamente, sin embargo, la actividad humana puede reducirla y acabar por agotarla. Si un recurso se consume más rápido de lo que se regenera, su existencia decrece; esto se conoce como “sobre explotación”. Los recursos renovables también pueden agotarse indirectamente, por la alteración de los ecosistemas de los que el recurso hace parte, aunque su agotamiento no es inevitable.
Recursos continuos. Estos a diferencia de los otros son inagotables, pues la provisión de estas fuentes de energía no se ve afectada por la actividad humana (a menudo son denominados “renovables”, pero esta no es una definición precisa). Las dos fuentes originales principales de energía continua son el sol, el cual genera la radiación solar y la energía eólica; y la gravedad, la cual produce la energía mareal y de las olas, y la hidropotencia (aunque esta también es en parte renovable).
La segunda función de la biosfera es asimilar nuestros desperdicios, sean naturales o de invención humana, todos los usos de energía producen desperdicios. Los propios productos terminan convertidos en desperdicios, pues como la materia no puede destruirse al final todo se transforma en desecho y de alguna manera retorna al medio ambiente.
Tradicionalmente la economía política ha caracterizado la actividad económica como un flujo circular de dinero, una lazada continua, con frecuencia expansiva que conecta firmas y hogares. Las firmas pagan a los trabajadores, quienes a su turno compran bienes y servicios de éstas. Los hogares, además, ahorran dinero, el cual las firmas toman luego en préstamo para hacer inversiones y, en pago, reconocen intereses. Esta inversión va a producir más bienes y servicios, que los hogares compran con sus mayores ingresos, y así sucesivamente (el modelo nombrado es el patrón básico, se puede complicar si el gobierno suma importaciones y exportaciones). Estos datos se encuentran en cualquier libro de economía básica o de introducción a la economía.
Este esquema económico tradicional deja muchas cosas en el “olvido”. Se olvida que la economía se alimenta tanto del sol como de fuentes comerciales de energía. Es un flujo aún más complicado, en el que el ambiente y los procesos de absorción, almacenamiento y desperdicio van de la mano con el de la producción y comercialización de los bienes y servicios. Es necesario describir en el flujo económico las operaciones de la biosfera misma: “Animales y plantas toman alimentos (materias primas) de su medio ambiente y usan energía (del sol o de otros seres vivos) para crecer y desarrollarse. Ellos excretan desperdicios, los cuales son reciclados por otros organismos para convertirse en alimento. En este sentido se puede señalar una nueva conexión entre economía y medio ambiente, esto quiere decir que la economía es, así mismo, parte del medio ambiente, está limitada por las mismas leyes físicas y sus procesos son el espejo de los de la biosfera.
Hay dos diferencias primordiales entre los dos sistemas. La primera es que muchos más de los desperdicios producidos por las cosas vivas de la biosfera son reabsorbidos en el ciclo productivo. En la economía, si bien todos los desperdicios retornan al medio ambiente, en general lo hacen dispersos, como materiales de alta entropía y baja utilidad, por esta razón son almacenados, lo que en muchos casos conduce a la contaminación. Esto ha llevado a la segunda diferencia. Hasta la fecha la economía humana ha tomado menos medidas para asegurar su propia supervivencia.





{ 1 comentario }
Consuman productos locales, esa es la solucion.
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