El papel viejo cuenta con la ventaja de contar con las fibras de celulosa ya separadas de la lignina, lo que facilita enormemente el trabajo. Éste consiste en deshacer el papel en agua, produciéndose la eliminación de los puentes de hidrógeno que se formaron entre las moléculas de celulosa durante la fabricación del papel (secado). La pasta celulósica así obtenida se somete a diversos procedimientos para eliminar las impurezas (plásticos, adhesivos, tintas, etc.) según vaya a ser su destino la fabricación de papel, cartón, etc.
El papel consumido en España en 1988 para fabricar nuevo significó que -de haber utilizado madera en su lugar- más de 30 millones de árboles se habrían talado para su producción, contaminando casi 700 millones de metros cúbicos de agua y gastado 700.000 Tep.
Pero sólo en escasas ocasiones, la pasta de papel recuperado se utiliza al 100% para fabricar nuevo papel o cartón. Porque un papel sólo puede reciclarse al 100% entre 3 y 8 veces, todo esto depende de la calidad del papel y el uso a que se destine, debido a la excesiva rotura de las fibras celulósicas. Aunque, en España existen empresas que sólo consumen papel de reciclaje como materia prima para hacer su papel y cartón, por ello generalmente se mezcla con pastas vírgenes (de madera) en diversas proporciones.
Los papeles de impresión y escritura, seguidos por los papeles de prensa, son los que menos pasta recuperada contienen (del 5 al 20%), y los cartones bicapas o bicolor (bico) los que más proporción contienen (hasta el 99%).
En España, al igual que en otros países de nuestro ámbito económico, el consumo de papel recuperado ve en un claro aumento, sobre todo en forma de papel viejo impreso que se destina. Sin embargo, este aumento del consumo de papel viejo no va acompañado por un igual aumento de la cantidad de papel recuperado, por lo que, a pesar de aumentar ésta considerablemente, la dependencia de las importaciones es cada vez mayor.
La recogida aparente de papel aumentó el 24% entre 1985 y 1988, el consumo lo hizo el 26%. Todo esto fue debido a las cuantiosas importaciones efectuadas en 1985 (394.700 Tm, por valor de 7.974 millones de pesetas), en 1988 se elevaron a 509.300 Tm, por valor próximo a los 9.00 millones de pesetas, llegando en 1989 a alcanzar 532.000 Tm por valor de 9.260 millones de pesetas.
Es difícil establecer cifras exactas globales para evaluar el ahorro obtenido utilizando pastas de papel recuperado frente a pastas vírgenes de madera, debido fundamentalmente al tipo y calidad de papel fabricado y al sistema y maquinaria utilizada.
El consumo de madera oscila entre tres y cinco metros cúbicos por tonelada de pasta de papel, según se utilice eucalipto o pino respectivamente. Es difícil traducir el volumen de madera utilizado en el número de árboles equivalentes, tal como frecuentemente se suele hacer, para relacionar el consumo de papel y la conservación de la Naturaleza. Debido al diferente rendimiento de las producciones madereras y al mayor valor, desde el punto de vista ecológico, de la tierra respecto a la madera, debería hablarse de hectáreas necesarias para producir un m3 de madera, según especies y climas -en lugar de número de árboles- y de ahí sacar la relación entre Ha y Tm de papel producido.
Además, hay que añadir los diferentes rendimientos de cada especie en la producción de pastas. Por estas razones es inoperante establecer proporciones medias de superficies o madera necesaria para producir una tonelada de papel.
Lo estrictamente correcto sería decir que según el tipo de madera utilizada en la fabricación de un determinado tipo de papel, su sustitución por papel recuperado evita el gasto y la contaminación correspondiente, aunque no todos los tipos de papel puedan elaborarse al cien por cien con pasta de recuperación.




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