El Hombre y la Tierra

Artículo Enviado por Gabriel Vaca
Dejad el mundo en mejores condiciones de como lo habías encontrado, es una mítica máxima, parte del testamento espiritual que dejó Lord Baden Powell, poco antes de morir en Kenya, en medio del África.

Aquel británico dedicó gran parte de su vida a promover el amor por la naturaleza y la relación que hay entre el hombre y ella, y logró fundar los Scouts, la organización de mayor número de miembros en el mundo, ojalá hubiese vivido lo suficiente para hacerle entender al resto del mundo la importancia del cuidado del medio ambiente.

La humanidad, a pesar de todo su supuesto conocimiento y civilización, no ha sido lo suficientemente conocedora y civilizada para darse cuenta de que la benevolencia de la Tierra tiene un límite, y que todos los abusos que cometemos, como si se tratase de una sentencia bíblica, tarde o temprano se cobraran en nosotros mismos, o en nuestros hijos.

La Comunidad Científica se ha pronunciado varias veces acerca de este problema global, un estudio importante es el informe Meadows, del Club de Roma, en donde se analiza y proyecta el incremento de la población y el uso irracional de los recursos naturales, las gráficas resultantes revelan que como continúe le crecimiento demográfico y el decrecimiento de los recursos, en determinado momento se propiciará un caos que ocasionará la extinción de la vida humana sobre la faz de la tierra.

Ni que hablar de lo que expone Al Gore en sus conferencias “La Verdad Incómoda”, en donde se pone en manifiesto el incremento de la temperatura de la Tierra en los últimos años y la cantidad de carbono liberado en la atmósfera, basándose en investigaciones científicas confiables, a la altura de un Premio Nobel de la Paz y Ex-Vicepresidente de Estados Unidos.

Muchos muy a la ligera expresan que la solución a la crisis del clima es la energía alternativa y renovable, sin tomar en cuenta las verdaderas dimensiones de lo que significa esto:

La producción de Etanol, el biocombustible más viable, requiere que las plantaciones de comestibles sean reemplazadas para cultivar exclusivamente para la producción de este, lo que generaría una crisis alimentaria, dada la baja de la oferta y el aumento de la demanda de comida por el mismo crecimiento demográfico. Además los vehículos de este tipo de combustión que han llegado a la línea de producción, tienen precios que no compiten con los de combustión fósil.

El hidrógeno como combustible para automotores, requiere de una exuberante inversión para su desarrollo (El gobierno de Estados Unidos invirtió 1200 millones de dólares para el desarrollo de células de Hidrógeno, sin contar el gasto de las empresas fabricantes), y de igual manera para su implementación, por ejemplo, el primer ecológico de la nipona Honda, le cuesta casi un millón de dólares a la empresa, y esta los vende a crédito, $600 dólares por 36 meses, si sacamos cuentas veremos que lo que pierde es una gran cantidad, un negocio nada rentable.

El costo de los paneles solares y las aspas de energía eólica es demasiado alto, si lo comparamos en su eficiencia, no tan satisfactoria, con la atractiva relación costo-eficiencia de los combustibles fósiles. Además, para implementar esta tecnología, es necesario dejar de cultivar grandes extensiones de terreno, lo que propicia crisis alimentaria, erosión y paradójicamente, desequilibrio ambiental. Un estudio calcula que, la demanda de energía del planeta, solo podría ser satisfecha si se colocase aspas y paneles, y se cultivase exclusivamente para biocombustibles; una extensión equivalente a dos veces el área actual de cultivo, un área de la cual no disponemos ni tomando en cuenta selvas, desiertos y áreas pobladas.

No existe la voluntad política ni económica de asumir esta cruzada por el ambiente, por ejemplo, Estados Unidos no está dispuesto a reducir sus emisiones de CO2 a la atmósfera, a pesar de ser uno de los mayores contaminantes, puesto que esto le significaría reducir su producción, y reemplazar la energía tradicional por renovable sería una gran inversión que ni el gobierno ni los empresarios van a asumir, de igual manera sucede con la India, que está en un vertiginoso ascenso comercial, atribuido al bajo costo de los combustibles fósiles, que no está dispuesto a detener por el ambiente. Los países que han invertido desarrollando tecnologías ecológicas, pretenden comercializarlas a fin de recuperar su inversión. Y así­ otros gobiernos, que por cuidarse de la crisis económica mundial, se exponen a otra que va a costar mucho más, nuestra existencia.

Nos consideramos la especie más inteligente del planeta, pero cuestionamos si es inteligente que por nuestra negligencia, pongamos en riesgo nuestra vida y la del resto de las especies, o acaso son más inteligentes aquellas que conforman ecosistemas que funcionan en perfecto equilibrio y sin afectar al resto?

La solución no está en gobiernos, ni leyes, ni tratados, ni convenciones, ni cumbres u otros actos meramente simbólicos y diplomáticos, que no son más que complemento o resultado de la verdadera Revolución Verde: El Cambio de la Actitud de la Gente, el sentirse responsables del daño que le hacemos a la Tierra, a los que vivimos y vivirán en ella, y que nos que nos invita a remediarlo en la medida de nuestras posibilidades, sea sembrando un árbol por año, consumiendo menos energía eléctrica, reciclando y generando propuestas ecológicas y/o amigables con el ambiente.

Sería un gran logro si recuperásemos al menos un aspecto de la cosmovisión indígena, el de la relación entre la tierra y el hombre, semejante al de una madre con su hijo, en donde el hijo respeta y agradece lo que le da su madre.