Muchas veces se generan remolinos en las zonas áridas, que pueden contribuir de una forma decisiva en la salud de las personas que habitan en los alrededores, provocando síntomas catarrales y enfermedades gastrointestinales (debidas al transporte de partículas orgánicas), por lo que la salud humana es otra de las secuelas de la formación de desiertos.
La producción de alimentos es uno de los efectos más sensibles de la extensión de desiertos. La mala alimentación y la hambruna son uno de los problemas centrales de los países en vías de desarrollo. La guerra y las revoluciones sociales han estado históricamente, atadas a este tipo d problemas.
La desertificación conlleva enormes costes de tipo social:
-La formación de grandes manchas urbanas y suburbanas de desplazados del campo y campamentos de refugiados en las fronteras de muchos países.
-La pérdida de condiciones de vida, la mala alimentación y sus efectos en la salud.
El último informe del Programa de Acción Nacional contra la Desertización, del Ministerio de Medio Ambiente, es dramático. Un 6% del suelo peninsular se ha degradado de forma irreversible, al tiempo que un tercio de la superficie total de España sufre una tasa muy elevada de terreno desértico. Si continúa el actual ritmo de sobreexplotación de los recursos naturales en 34 provincias 15,9 millones de hectáreas, no será necesario irse de crucero por África para gozar de la infinita soledad del desierto.






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